Mano a mano con la familia Solanet, propietarios de la estancia “El Cardal”

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HISTORIA DE GATO Y MANCHA

La estancia se ubica en el Cuartel VIII del partido de Ayacucho – Estación Solanet, 30 km al norte de la ciudad cabecera. Esta propiedad forma parte de una propuesta de turismo histórico – cultural, basado en la hazaña llevada a cabo entre los años 1925 y 1928 por el profesor suizo Aimé Tschiffely y los caballos Gato y Mancha, que unieron Buenos Aires y Nueva York en un raid irrepetible, atravesando 20 países americanos en un trayecto de 21.500 km.

Aimé Tschiffely realizó una travesía de Buenos Aires hasta Nueva York en 3 años y medio. Tuvo mucha repercusión, cuando murieron los caballos enterraron sus huesos en la estancia, y los cueros en Luján, a pedido de Don Enrique Udaondo, quien por aquel entonces era director del Museo de Luján.


FOTO: Aimé Tschifelly con Gato y Mancha

Recorriendo distintas historias historias de la localidad de Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, nos encontramos con la familia Solanet. Compuesta por Teresa Marino, su familia era de Carhué y tenían el famoso molino harinero. Se conoció con su esposo, Oscar Emilio Solanet, en Mar del Plata y se casaron hace 52 años.

Oscar Emilio Solanet, nació en Buenos Aires, a los 23 años se mudó a la estancia a trabajar con su padre y cuando este fallece, quedó a cargo del legado de tres generaciones. Los veranos Solanet los pasaba en Mar del Plata, en una casa que compran sus padres para veranear.  Estaba dos casas de por medio de Teresa. Pasaba con la bicicleta y la vió, se conocieron muy jóvenes, ella se fue de Mar del Plata pero se mantuvieron en contacto. Después de 7-8 años de haberse conocido, en la década del 70, se casaron y se fueron a vivir a la estancia El Cardal, donde tuvieron 8 hijos y 18 nietos.

Dicha propiedad es una estancia ganadera de más de 120 hectáreas, en donde trabajaron tres generaciones, como todo establecimiento ganadero necesita de la herramienta que es el caballo. Concretamente el caballo criollo, raza definida que desciende de los caballos que trajeron los españoles en la conquista. Su padre instaló un Haras con el nombre “El Cardal”, en el año 1913. En 1925 apareció un suizo de apellido Tschiffely que le propuso hacer un viaje con dos caballos –después se hicieron muy famosos- que son Gato y Mancha.

El año pasado estuvieron en la exposición rural. Una exposición de pruebas de arrienda, que se disputa la Copa Galicia y que el premio es un automóvil, en donde asisten los mejores jinetes de la Provincia. Fue allí donde acompañaron a sus nietos que participaron durante 3 días de las pruebas, y fue una reunión muy linda porque es muy familiar y concurre toda gente que es amante del caballo. Para ellos el tema caballo es algo muy importante, algo que lo llevan en la sangre. Sobre todo les parece muy lindo que la juventud le tome cariño porque es algo muy sano totalmente y de carácter cultural.

Además, Solanet recordó acerca de su padre que fue una persona muy inquieta, que no sólo se dedicó a la política, fue Diputado Nacional y Provincial, docente de la UBA en la materia de Hipotecnia, en la Facultad de Veterinaria. Dedicó toda su vida al trabajo de campo y sobre todo a la cría de caballos criollos.

Acerca de la hazaña, relató que el jinete de origen suizo nació en 1895, inició el viaje en abril de 1925 y llegó a Nueva York después de 3 años y 5 meses. Allí lo recibió el Alcalde de la ciudad, le entregó una medalla de oro que era una distinción muy importante.

Los caballos regresaron en barco a Argentina, sin embargo,  el suizo les podía haber dado el destino que quisiera, pero decidió que los caballos terminaran sus días en la estancia El Cardal. Vivieron hasta los 35 y 37 años de edad, que es bastante para un caballo. Los caballos criollos tienen mucha resistencia, por eso es una raza tan buscada para trabajar en el campo. El jinete tenía 59 años cuando falleció en Londres. A los 2 o 3 meses de morir la viuda le manda una carta al Sr. Solanet que su hijo Oscar aún conserva, donde mencionaba que los restos del suizo debían descansar en Argentina, precisamente cerca de los caballos que tanto había querido.

Entonces, la idea era homenajear a Aimé Tschiffely colocando un monumento cerca de la Sociedad Rural de Palermo, que fue el lugar donde partió cuando comenzó la travesía hacia Norteamérica. El monumento no se hizo, pero Oscar Solanet pudo localizar a la persona que tenía sus cenizas y le pidió que se las entregue para que estuvieran cerca de los restos de los caballos. Fue así como en 1998 las llevaron hacia la estancia, en donde se hizo un homenaje con los familiares de Tschiffely, con integrantes de la asociación de criadores de caballos criollos y muchas personas más, lo que significó un acto muy lindo y desde ese día descansan juntos los tres compañeros.

Desde ya, Andrea Dematey y Marcela Schuldeis agradecen la amabilidad y el cariño que nos brindaron Teresa y Oscar al recibirnos un día Domingo en aquella hermosa y recomendable estancia. Definitivamente una experiencia que todos deberían poder realizar, por lo que esperamos volver en algún momento.

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