REFLEXIÓN
Las fiestas cuando alguien falta
Por Andrea Fabiana Dematey
Diciembre llega todos los años, puntual, con luces, mensajes y promesas de celebración. Pero no todas las fiestas se viven igual. Hay mesas que hace tiempo aprendieron a convivir con una silla vacía, y otras que este año la miran por primera vez. Hay ausencias recientes que todavía arden, y ausencias antiguas que siguen doliendo de otra manera, más silenciosa, pero igual de profunda.
Las fiestas no miden el tiempo del duelo. No preguntan si estamos listos. Simplemente llegan, y con ellas los recuerdos, los nombres que se pronuncian en voz baja, las miradas que buscan sin darse cuenta a quienes ya no están. Para algunos, es la primera Navidad sin esa persona amada. Para otros, ya son varias, pero ninguna ausencia se vuelve costumbre.
Homenajear a quienes ya no están no es quedarse en la tristeza, sino reconocer el lugar que siguen ocupando. Porque el amor no entiende de fechas ni de despedidas definitivas. Vive en las historias que se repiten, en las tradiciones que persisten, en los gestos que heredamos. Vive en cada risa que se parece a la suya y en cada recuerdo que aparece sin ser invitado.
Estas fiestas, atravesadas por la falta, nos recuerdan que el dolor no es individual. Son muchos los corazones que llegan a la mesa con nostalgia, con preguntas sin respuesta, con el esfuerzo de seguir adelante. Y en esa experiencia compartida aparece algo poderoso: la unidad. La posibilidad de acompañarnos, de entender que no todos celebran de la misma manera, pero todos sienten.
Que estas fiestas sean un espacio para recordar sin culpas, para emocionarse sin pedir disculpas, para abrazar a quienes están y nombrar a quienes faltan. Que aprendamos a sostenernos, porque nadie atraviesa el duelo en soledad cuando hay amor alrededor.
Hoy, más que nunca, este es un homenaje para quienes ya no están, para quienes viven en nuestra memoria y en nuestro corazón. Una esperanza para quienes siguen estando, para los que se sientan a la mesa, se toman de la mano y eligen compartir, aun con el dolor presente.
Y, de manera especial, este fin de año, este homenaje es para mi madre. Por primera vez, su silla estará vacía. Pero su amor, sus enseñanzas y su presencia seguirán siendo parte de cada brindis, de cada recuerdo y de cada paso que damos. Porque hay ausencias que duelen, sí, pero también hay amores que no se van nunca.
















