Por Tomás Urpianello Uncal
La meta no es solo un concepto, algo intangible que nos promueve a determinado esfuerzo; si bien cumple con este rol motivador que puede llevarnos a intentarlo, en este estadío conceptual puede también representar lo contrario, un hecho abrumador que definitivamente nos aleje antes siquiera de dar el salto y probarlo.
La meta nunca es completa sin su contraparte física, sin su lado tangible, que termine por enmarcar un circuito de incertidumbres, pero de incertidumbres que comienzan a tomar forma y a definirse gracias a ese final que ahora se yergue en un lugar y en un momento determinado, todo lo cual nos ayuda a sintetizar una subjetividad que a veces, por falta de referencias, puede jugarnos una mala pasada.
El pasado veintiuno de diciembre, en la ciudad de Mercedes, con motivo de la carrera por bomberos, se concretó un desafío, para muchos corredores de gran trayectoria, este sería uno más de tantos, pero muchos otros se enfrentaron a esta prueba por primera vez, y ya sea que fueran ocho kilómetros, cuatro o simplemente dos, es posible que algunos de los que atravesaron la meta descubrieran algo que desconocían de sí mismos: ellos también podían hacerlo.
Cuando esto sucede, la meta puede elevarse a otra categoría para transformarse en un portal, uno que nos traslade a una realidad quizá antes no habilitada; el saber que se puede le permite a uno contemplar el devenir futuro con otra mirada, una más profunda que nos lleva a una mayor presencia de nosotros mismos, ya que debido a la experiencia, ahora se cuenta con una mejor perspectiva de aquello a lo que nos enfrentamos, pudiendo planificar, pudiendo uno verse en ese futuro ya no como una posibilidad más o menos remota, sino como parte casi fehaciente de este futuro que ahora hemos adoptado como propio.
Pero la meta real de la carrera de bomberos habilitaba, a su vez, otro portal, aquel a través del cual muchos han entrado a ser parte, por primera vez, de la comunidad que representa el cuartel veintisiete de nuestra ciudad, aportando con su participación en la carrera al mantenimiento y al crecimiento del mismo, a la adquisición de equipos y a la capacitación de nuestro cuerpo activo de bomberos para salvarnos a nosotros y a nuestro patrimonio.
Ayudar no siempre es fácil, quizá no esté habilitado el formato que mejor se ajusta a cada uno de nosotros, pero cuando uno logra cumplir con su meta de ayudar, en algún aspecto o a través de alguna institución, a su comunidad, la realidad se percibe desde otra perspectiva, y si correr dos, cuatro u ocho kilómetros te puede animar a repetir distancia o a que la próxima vez sean diez, quién sabe a cuantas otras propuestas puede animarnos a acompañar después de ser parte de la nuestra.
El año que viene más y mejor, y no se olviden nunca de lo importante de sentir la satisfacción de cruzar sus metas.
















