ALGO MÁS QUE PALABRAS ANTE LA NUEVA ESTRELLA; LA ESTELA DEL AUTÉNTICO AMOR

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“Al igual que la perenne providencia, que con su destello guió a los Magos a Belén, así también nosotros, con nuestro amor, podemos proteger a multitud de seres indefensos en escenarios de contiendas absurdas; muchas de ellas, iniciadas en su propia familia”.

 

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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor 

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En nuestro afán y desvelo por aquí abajo, buscamos siempre y rebuscamos sin cesar la estela luminosa, que nos imprime calor de hogar sin llegar a consumirse jamás, porque es la única luz que nos hará felices. Ciertamente, el auténtico amor todo lo resplandece, incluso en las noches oscuras de la vida. Al igual que la perenne providencia, que con su destello guió a los Magos a Belén, así también nosotros, con nuestro amor, podemos proteger a multitud de seres indefensos en escenarios de contiendas absurdas; muchas de ellas, iniciadas en su propia familia. Proteger a los más débiles, ya sean menores o mayores, es una obligación ya no sólo jurídica, también natural de todo ser humano. No olvidemos que cada día es una pequeña vida; y, como tal, hemos de compartirla hermanados.

Realmente, ni los abusos y tampoco los atropellos, pueden normalizarse. Cada ciudadano está en la obligación de actuar y ser firmes para cambiar el aluvión de injusticias, que nos están deshumanizando por completo. Ojalá en este tiempo, de tantos sueños para recomenzar nuevamente,  tengamos un instante para deliberar sobre nuestro modo de amar y quererse. Porque el amor es esto: cercanía, clemencia y afecto. Y para ello, no precisamos instrumentos extraordinarios y muchos menos medios sofisticados, solo requerimos un corazón desprendido, que sea generoso en la acogida, humanitario y caritativo. En consecuencia, mientras miramos a los Magos que, con los ojos inequívocos en el cielo rastrean el místico lunar, adentrémonos en nuestro propio océano interno y reencontrémonos.

Hallándonos es como uno se puede donar, ponerse en servicio desinteresadamente, hacerse y rehacerse como siervos los unos para los otros, dejando la dominación y el poderío en la isla de la exclusión. Llegamos así al gozo del altruismo, algo innato en todo níveo corazón, como esa luminaria que es visible para todos. Los Magos no siguen los avisos de un código oculto o sectario, más bien observan a un astro que ven brillar en lo inmaculado, no en el egoísmo mundano. Ellos lo perciben, desde su humildad; otros, sin embargo, como Herodes y los doctores, ni siquiera se dan cuenta de su aparición. La buena estrella que, en el fondo todos llevamos consigo, siempre camina con nosotros; es cuestión de abrazar lo celeste, de revolverse contra sí y de volverse poesía.

En el verso que somos, como verbo naciente cada aurora, radican nuestros latidos verdaderos y ellos son nuestra esperanza. El Creador de nosotros lo hace corazón a corazón, no cuerpo a cuerpo, y este es un mensaje importante para sentirnos acompañados por ese orbe invisible de pulso vivo y de pausa contemplativa.  Sin duda, nos urge retornar a esa inocencia para sentir el desvelo de que un descendiente protegido es un futuro seguro. Indudablemente, el planeta requiere que sus moradores se fraternicen, para reconstruir un porvenir en el que todos los chavales tengan una oportunidad real de vivir en paz, de aprender a reprenderse y prosperar. Recordemos, que lo que se les de a los críos, los críos lo darán a la sociedad.

Esto nos demanda un cambio,  cultivar la inspiración y ejercitar nuestro tránsito por la tierra, como poetas en guardia permanente. Pensemos, además, que los niños son como luceros, nunca hay demasiados; que los jóvenes son como olas, necesitamos de su movimiento para sentirnos vivos; que los mayores son como seres cultivados con sus cátedras vivientes, los persuadimos en su sabiduría para no rebotar en las torpezas. Precisamente, por esto, en el pesebre, representamos a los Magos con características que abarcan todas las edades y razas, para recordarnos que todos tenemos un sueño que cumplir con rectitud, la de regresar al cielo, lugar donde hallaremos refugio y alegría. Que nadie quede fuera, por no hacer ese viaje interior, que todos debemos laborar con propósito de enmienda.

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

04 de Enero de 2026.-

_____________________________REFLEXIÓN POÉTICA————————————————————————————————————————————–

 

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

COEXISTIMOS EN EL NIDO DIVINO;

NUESTRA VIDA ES LA VISIÓN DE DIOS

 

EL VERBO ES UNA REALIDAD NACIENTE Y VIVA: Estamos ante un Altísimo que se advierte y se concibe, con la naturaleza humana. Estaciona su morada celeste entre nosotros, para que contemplemos la grandeza, humillándose hasta asumir la sumisión de nuestra condición mortal. Con su venida al mundo, también hizo hogar, con el sueño de morar a nuestro lado. Recibirle nos relaciona como hijos y hermanos, atrayéndonos a descubrirle para alcanzarle, viviendo su gloria.

 

I.- UNA MANIFESTACIÓN PARA RECAPITULAR;

SOBRE LA PREEXISTENCIA

 

En Cristo brotamos desde siempre,

no hemos nacido para este mundo.

Crecemos como cauce paradisíaco,

en los iluminados sueños gloriosos,

y en los ensueños del santo poema.

Nuestra contextura es la serenidad,

la paz de la composición espiritual,

la beatitud de la entrega caritativa,

el descanso de sentirnos acogidos,

acunados y queridos por el Creador.

Con la luz Omnipotente retoñamos,

hallamos el sosiego y nos abrimos,

con toda clase de favores y gracias,

que nos llevan a conocer la acción:

de nada ser sin Él y a Él retroceder.

 

II.- UNA CONFIRMACIÓN PARA REFLEXIONAR;

SOBRE LA NUEVA EXISTENCIA

Formamos latidos y conformamos,

un armónico proceder inseparable,

donde nadie florece más que nadie,

siendo todos precisos y necesarios,

para vivir en Cristo y ser de Cristo.

Solamente con el Salvador nuestro,

veremos el sol y hallaremos al Rey,

reviviremos el amor de amar amor,

corriendo la cortina de la venganza,

antes de que la tristeza nos arruine.

Demos hueco al Señor en nosotros,

y tiempo para que siga rehaciendo.

No caigamos en la tentación jamás,

pues el deleite de Dios es dar savia,

para que todo ser humano se salve.

 

III.- UNA GARANTÍA PARA RECORDAR;

SOBRE LA EXISTENCIA ETERNA

Los cristianos vamos con el signo,

portamos la señal de la santa Cruz,

llevamos el sello místico de Jesús,

la prueba de su espíritu Liberador;

¡dejémonos reavivar por su caricia!

Evoquemos sus pasos por la tierra,

sean nuestro estimulo cada aurora,

integren nuestra propia semblanza,

compongan y pongan entusiasmo,

bajo esa conciencia de hermosura.

No hay otro modo de vivir que ser

amor, para poder querer de verdad;

que ser un siervo para poder servir,

que hacer silencio y nacer cada día,

con la mirada del Niño que somos.

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