Ya construyeron nuevamente su «casita».

Fueron «desalojados» de la fachada del Banco Provincia, pero volvieron: el nido de los Horneros. 

Creo que esta nota humilde y sencilla la podemos hacer solamente quienes somos observadores y caminantes de las calles de esta hermosa Ciudad de Mercedes y la podemos hacer solamente quienes amamos a Dios, a la naturaleza y a todos los seres que habitan el planeta tierra, porque lo que ocurrió en el Banco Provincia, en su fachada es digno de merecer un comentario público, como un premio hacia nuestro pájaro nacional: el Hornero.

Una de mis hobby y entretenimiento a través de mis largas caminatas por las calles de la Ciudad (cosa que hago diariamente) es observar todo lo que más puedo: el estado de las veredas; de las plantas, los edificios, las vidrieras de negocios, para hacerla corta; es decir camino despacio y trato de mirar y observar todo lo que más puedo y entre esas cosas están las casitas o nidos de Horneros, donde hay nidos en los lugares más insólitos; un solo ejemplo les digo en el bicornio (sombrero) del monumento al Gral. San Martín en la plaza Homónima, como digo en el bicornio desde que se inauguró el monumento que los horneritos hacen su nido allí, pero desgraciadamente después de tanto trabajo de estos arquitectos de la pajita y el barro ni bien la terminaban después de tanto trabajo, subían y trepaban los chicos y se la destrozaban y ya hace un tiempo que no la construyen más en ese lugar.

 

Ojala vuelvan. Son todos chicos en la edad escolar, porque yo los he visto trepar y destruir la casita construida en el bicornio del Gral. San Martín, eso prueba de que la mayoría de los alumnos (no todos) van a la escuela a calentar el banco, porque deben de saber de que eso no se hace y menos con el nido del pájaro Nacional. Quiero luego de esta larga pero necesaria ilustración, voy al motivo de esta nota donde yo venía observando la casita de hornero en la fachada del Banco Provincia, pero el Banco cumplía 150 años y lo refaccionaron y le hicieron muchas modificaciones y lo pusieron «coqueto» y entre esa coquetería ocurrió lo que ocurre lo mismo con la mujer cuando tiene un compromiso importante o un acontecimiento de fuste; casi siempre acude a la pintura, eso mismo ocurrió con la fachada del Banco Provincia: la pintaron y había en casi la cornisa una casita o nido de Hornero y lo sacaron, ya me dio pena y lástima porque hace poco la habían construido, pero con gran satisfacción y alegría en esos días llovió bastante seguido y tenían material suficiente y enseguida comenzaron a ocupar el lugar de donde habían sido «desalojados» destruyendo su casita que hicieron con tanto amor, entusiasmo y empeño; una alegría contagiosa, porque he visto que ya construyen nuevamente otro nido o casita, como quiera llamar y deben ser los mismos porque la casita que los pintores destruyeron, hacía poco que la habían construido; de ahí nace esta mi opinión. Hay casitas en el Teatro Argentino Julio César Gioscio, en La Recova; no hace mucho por primera vez después de tantos años construyeron nidos los Horneros en la fachada del Palacio Municipal (como novedad en esa oportunidad yo publiqué una nota).

Soy admirador y observador de todo lo que más puedo de esta Ciudad, la cual la camino diariamente y la quiero pero en una de las cosas que más pongo énfasis y empeño es en las casitas o nidos de estos pajaritos verdaderos arquitectos que, además llevan una cucarda más que merecida: la de ser «pájaro Nacional». Reitero lo que dije al principio, yo creo que sin temor de equivocarme, a muy, pero muy pocos se le hubiese ocurrido hacer una nota como ésta que los señores lectores están leyendo, porque este detalle de la fachada de lo ocurrido con la casita de Hornero; es decir la historia real que ya les conté, la puede hacer, yo diría un gran observador, que ama a la vida, a los seres, a la naturaleza y a Dios sobre todas las cosas, y para ponerle la rúbica sin lastimar, ni ofender, ni incomodar a nadie, porque respeto a todos, les diré que esta nota casi solamente la puede hacer alguien que va con la cabeza fresca y que camina sin la preocupación de tener la vista clavada en un visor o el oído presto para recibir una llamada en un teléfono celular. Respeto al que lo usa. Yo no uso teléfono celular. Por eso leen esta nota.

RUBÍ GAZZOTTI.