volanteadas

Una nueva forma de atacar: Ahora… con volanteadas

Las agresiones anónimas ni siquiera merecen una respuesta, son las que vienen de personas miserables, sin escrúpulos, mentirosas, ocultadoras. De aquellas que tiran la piedra y esconden la mano

Por un momento había dejado de lado la posibilidad de contestar. Lo había tomado como de quien viene, de quienes viene, la jungla es amplia. Pero la aparición de los mismos en contra de un funcionario municipal, me permiten, de cierta manera, solidarizarme.

Días atrás aparecieron una serie de volantes por la calle, en donde me tenían como protagonista exclusiva de los mismos. Cobardes, fue lo primero que pensé. Más cobardes aún son todos los que, ahora, quieren “igualar” la acción y a la vez sembrar la duda, las sospechas.

En relación a los volantes que amanecieron por las calles de la ciudad días atrás, no había mucho que decir en ese momento. Las agresiones anónimas ni siquiera merecen una respuesta, son las que vienen de personas miserables, sin escrúpulos, mentirosas, ocultadoras. De aquellas que tiran la piedra y esconden la mano.

A las agresiones, volanteadas y pintadas anónimas, no se les da trascendencia. No existen, como sus autores. Por suerte, si tengo algo que decir lo escribo en el diario o lo expreso por el programa de televisión y si lo creo conveniente y con pruebas lo denuncio en la justicia. Tengo mis herramientas para hacerlo, tengo mi palabra, mi voz y mi cara para no ser alguien anónimo como otros y otras pretenden ser.

Por otra parte, agradezco la solidaridad de muchos colegas, amigos y vecinos de la ciudad que se sintieron dolidos y preocupados por esos volantes.

De mi lugar, y ante la aparición de otros volantes en contra de un funcionario municipal, José Bernárdez, no tengo más que palabras de solidaridad con él y repudio hacia esos volantes que aparecieron en contra su persona.

Tengo decenas, cientos y miles de razones para “estar enfrentada” a Bernárdez, es más, es de público conocimiento las amenazas sufridas por mi familia por el personal de Control Urbano comunal.

No es santo de mi devoción, no merece mi respeto, no comparto en nada su accionar, su forma de ser, pero esas cosas (los volantes) no se hacen, es de muy mal gusto. El que tenga algo que decir que no es esconda en unos volantes, que dé la cara.

Es fácil imaginar o dilucidar quién podría ser el autor o autora o autores o autoras del volante en mi contra. Tengo un Panorama de ello.

A la vez, tengo el mismo panorama de quien realizó lo mismo contra José Bernárdez. Ese juego bizarro de querer endilgar culpas a otros no es nuevo, viene de años, ya muchos. Y trasciende las generaciones.

Por suerte, reitero, tengo la posibilidad de hacer un descargo con mi palabra, mi voz, mi cara. Los otros, también lo tienen, pero no lo hacen, les falta valor, mucho valor, por no decir huevos y ovarios.

La obsecuencia, los insultos, no suman, al contrario, restan.

Por suerte tengo un panorama de quienes podrían ser los autores.

Reitero, mi solidaridad con el señor Josè Bernárdez y su familia, ante este ataque hacia su persona.