Parece mentira, cuesta creerlo; pero es cierto.

En la era de la comunicación: ya es casi virtual, y se perdió el diálogo personal continuo.

Siempre se dijo que el avance de la tecnología trae beneficios positivos, pero a veces son como los medicamentos, también tiene su contra o su lado negativo. Esta nota es el fiel reflejo de una realidad indiscutible e inapelable y está escrita solamente con ese fin; es la opinión personal de un periodista, nada más que eso y en ella quiero decir que respeto todas las  opiniones y me aparto de toda polémica. Me voy a referir al uso (entre otras cosas del adelanto tecnológico de la vida moderna) en este caso al uso desmedido y con fuerte adicción (que respeto) del teléfono celular o como lo llaman también teléfono móvil.

Creo que la mayoría de las personas están  tan posesionadas y atrapadas que viven las 24 horas pendientes de su teléfono celular y digo 24 horas porque duermen con el celular en la almohada o en su mesa de luz (encendido por supuesto), eso a traído aparejado de que ya nadie pueda iniciar un diálogo o conversación en forma personal, porque casi siempre lo interrumpe un llamado del teléfono de usted o de quien está dialogando; yo esa interrupción casi no la soporto, (no siendo un caso muy justificado), me molesta, por eso yo no uso ni usé nunca teléfono celular (llevándolo conmigo) y por eso, siempre estoy con la cabeza fresca y me ha traído muchos beneficios, para la tarea que yo cumplo como periodista en mis recorridas por las calles de la Ciudad, porque una observación o un escrito que yo hago en el mismo lugar, donde yo creo que está la nota o la noticia, mi pensamiento está libre y fuera de toda “contaminación” telefónica.

Pero hay una cosa que el teléfono celular le ha hecho a mi entender mucho daño: a la célula familiar; a la mesa familiar, donde ya hace años que las reuniones entre padres, hijos, abuelos se ha ido desvirtuando; donde ya se acabó donde todos se sentaban en la mesa (es en las sillas) y generalizando se dice a la mesa, luego de esta pequeña aclaración sigo: ahora la mayoría en el mundo moderno, pocas veces se reúnen todos juntos (hablo a nivel general) pero cuando esto suele ocurrir no faltan los llamados de ese aparatito que tiene “embobado”: si me permiten el término que lo empleo sin la intención de molestar ni herir a nadie, me refiero al teléfono celular y dato asombroso e ilustrativo somos más o menos 40 millones de habitantes y están habitados más de 5 millones de teléfonos celulares y como si esto fuera poco a la fuerte adicción, usted ve una cantidad impresionante de personas con los auriculares colocados y conectados a su celular, ya sea de pie, en moto, en bicicleta, en auto incluso hablando: algo de no creer. Yo me paro en pleno centro y el 90% va hablando o saca su celular; yo respeto pero no puedo creer que necesiten tanta comunicación y que vivan los 365 días pendientes de un teléfono celular. Usted está en misa, en un teatro, en un consultorio, en un hospital, en el dentista, en un responso, en el cementerio; no hay lugar donde no suene un teléfono celular y le agrego esto increíble que lo viví yo que voy muy seguido al cementerio; pasé por una bóveda justo que llamaba al teléfono celular. Para redondear esta nota reitero mi aclaración que yo soy muy respetuoso de que cada uno vive y usa lo que quiere y hace lo que se le plazca dentro de las leyes, pero quiero que me comprendan que soy periodista y observador y mi trabajo es este. Yo no uso teléfono celular y creo estar informado lo mismo que cualquiera y hago relaciones publicas todo el día en forma personal, aunque “exploto” cuando mi interlocutor recibe llamadas o envía llamadas, porque no se respeta más el dialogo y casi no existe más a nivel personal y in interrupción. Esta es mi opinión con referencia al uso desmedido del celular y respeto la suya. ¿De acuerdo?.
RUBÍ GAZZOTTI