CACHO DI CATARINA

Pulperías en el tercer milenio: refugios vivos de la historia gaucha

El Diario Clarín en su sección Viajes eligió a la tradicional pulpería mercedina como uno de los refugios de la historia gaucha.

Casi intactos, o convertidos en restaurantes de campo, en muchos pueblos y caminos rurales los almacenes de ramos generales resisten el paso del tiempo e invitan a un nostálgico viaje al pasado.El edificio es de 1830, según el fichado de la municipalidad. Y se cree que podría haber sido un paraje de descanso de carretas y viajeros. Pero no es eso lo que hizo más famoso a este boliche a orillas del río Luján, sino quien estuvo a su cargo por tantos años: Cacho Di Catarina, “el último pulpero”.
“Nuestra familia llegó en 1910 con mi bisabuelo, Salvador Pérez Méndez; yo pertenezco a la cuarta generación y soy semillero de la quinta. Mi abuelo falleció en 1959 y entonces tomó la posta mi abuela, con ayuda de mi tío Cacho, que entonces tenía 18 años”, cuenta Fernanda Pozzi, a cargo de este tradicional boliche junto con sus hermanas Paola y Patricia, todas lideradas por su tía, Aída.
“La pulpería está tal cual la dejó Cacho, y vienen muchas familias, incluso de Buenos Aires y del exterior, a ver cómo era un boliche en 1830, porque el lugar es auténtico y está intacto”, se enorgullece Fernanda. Y siguen viniendo paisanos de los tiempos de Cacho, señala la nota del matutino de tirada nacional.
¿Por qué era tan famoso y querido don Di Catarina? “Era muy carismático y generoso, te daba lo que no tenía. Fue DT del equipo de fútbol de los abogados de Mercedes y era un adelantado, porque organizó el primer torneo de fútbol femenino ¡en 1979! Se sentaba ahí -dice Fernanda señalando un punto en el viejo salón- con la Volcán, la estufa de velas, vestido de gaucho, y esperaba a la gente. Él nació en el boliche y no se movía ni cuando subía el agua, y eso que no sabía nadar”, cuenta, y recuerda la gran inundación de 2015, que los obligó a cerrar un largo tiempo, hasta volver a poner el lugar en condiciones.
Afortunadamente no se dañó el “rincón de las botellas antiguas”, una esquina de añosas estanterías repleta de botellas cubiertas de polvo que pertenecieron al abuelo de Cacho y no se tocan desde hace 100 años. Otro tesoro es la orden de captura de Juan Moreira, de 1868, y su certificado de defunción.
El lugar -declarado “de interés general” y “Monumento Histórico”- conserva intacta su fachada, con el palenque para atar los caballos y las anchas paredes de ladrillo, y exhibe el afiche del film Don Segundo Sombra firmado por los actores, con la imagen de la pulpería y Cacho como actor debutante.
Abre de jueves a domingos y feriados, de 11 a 20; en verano cierra más tarde y suma peñas a cielo abierto. En invierno el menú es de comidas de olla: guiso carrero, guiso de lentejas, pastel de papas, puchero, y en octubre comienza el asado criollo. Y todo el año, las clásicas “empanadas de Cacho, con las recetas de mi abuela Figenia”, dice Fernanda. También son imperdibles las picadas con salame quintero, típico de Mercedes, queso regional y bondiola. Y los fines de semana se puede comprar pan de campo, tortas fritas, quesos y salames quinteros, todo caserito.