Amor a las personas y a los animales.

El domingo pasado perdí a un amigo: La pequeña historia del perrito abandonado.

Qué hermoso es sentir rodar por las mejillas algunas lágrimas cuando los sentimientos del alma así lo ordenan; que hermoso es cuando se nos escapan algunas lágrimas por un perrito abandonado que encontré «llorando» y pidiendo clemencia debajo del puente del arroyo Balta de la ruta 42.

Les contaré una pequeña y simple historia de un acontecimiento cuyo protagonista fue un perrito abandonado; esta historia la viví personalmente y la quiero contar para alivio y desahogo de mi espíritu por el amor que siento por las personas y los animales. La historia comienza así: yo paso muy seguido por el lugar más arriba indicado y lo hago en bicicleta. Al pasar por dicho puente ya nombrado sentí que debajo lloraba un perrito y pedía lo que yo así interpretaba como que pedía que alguien lo recogiera y lo sacara de esa situación de abandono.

Detuve mi marcha, me asomé desde lo alto de la baranda de cemento y cuando lo vi, lo llamé por un nombre que se me cruzó en esos momentos por la cabeza: le halé y le dije, que te pasa Falucho; para que le habré hablado: empezó a gritar de contento, se movía como un ardilla, movía la colita, no sabía que «fiesta» hacerme; me quedé un ratito sin descender y luego reanude mi marcha y como es lógico, comenzó de nuevo esa «música» de su monocorde llanto, pero yo tenía que seguir camino y no lo podía llevar, pero me fui con la firme idea que a la vuelta me lo llevaba a Falucho a mi casa. Cuando llegó el momento de regresar, yo venía calculando si lo ponía en un canasto que tiene mi bicicleta o si lo traía en uno de mis brazos; trataba de llegar lo más pronto al puente del arroyo Balta de la ruta 42 pero ya a pocos metros no escuchaba sus «llantos», pensé enseguida que se abría quedado dormido luego de tanto llorar, llegué al puente lo llamé y no tenía respuesta, entonces descendí debajo del puente, no lo veía, lo llamaba y nada; entonces recorrí un lugar bastante extenso y nada, entonces me di por vencido en medio de mi tristeza y algunas lágrimas que jugaban con mis mejillas. Me quedé pensando, acongojado; pasaron muchas cosas por mi cabeza, pero vino a mi mente una frase que me gusto aunque lastimaba mi alma, la frase era: «hoy he perdido a un amigo». Estoy seguro que alguien sintió compasión y se lo llevó. Ojala sea así y quien lo tiene lo cuide y le de todo el cariño que merece y a quien tiró ese perrito y lo abandonó debajo del puente del arroyo Balta e digo con todo respeto y altura: que no cometa jamás ese error, esa falta de amor hacia los animales, porque con actos como este sufren ellos y nosotros los que, queremos la vida, a los animales y tenemos amor por todos los seres vivientes y a la naturaleza. Les aclaro que yo mantengo varios perros y no quiero más, pero ese perrito abandonado me lo traía a mi casa; yo no lo iba a dejar debajo del puente. Señores lectores espero que les haya gustado este relato real y de no ser así, solo han perdido unos minutos, que en la vida a veces los perdemos  y son fáciles de recuperar. Enseguida de lo sucedido, de la historia real que les acabo de relatar pensé publicar esta nota y así lo hice.

RUBÍ GAZZOTTI